El Chapo busca su libertad apelando a la Constitución de EU para regresar a México
Joaquín “El Chapo” Guzmán, fundador del Cártel de Sinaloa y condenado a cadena perpetua en Estados Unidos, volvió a mover sus fichas legales con una carta fechada el 12 de junio de 2026. En este nuevo escrito dirigido a la corte federal de Brooklyn, Nueva York, el narcotraficante solicita que se considere la Constitución estadounidense para revisar su caso y así lograr su deportación a México y, con ello, su libertad.
Desde la prisión federal de máxima seguridad en Florence, Colorado, donde cumple su condena, Guzmán Loera insiste en que fue juzgado erróneamente y que la falta de evidencia debería invalidar su sentencia. En la misiva, que forma parte de cerca de veinte documentos presentados ante el juez Brian Cogan, El Chapo agradece la atención del tribunal y pide que se tome en serio su solicitud para regresar a su país.
“Gracias al juez por seguir las leyes y tomar en serio mi solicitud para volver a México para mi libertad”, escribió el capo, quien desde hace unos meses firmó formalmente sus cartas con el apodo que lo hizo famoso.
El juez Cogan, conocido por manejar casos de alto perfil como el del exsecretario de Seguridad Pública Genaro García Luna y el exsocio de Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada, ha desestimado previamente varias de las peticiones del narcotraficante por falta de mérito legal. Sin embargo, esta última carta aún está pendiente de respuesta.
La historia de El Chapo es parte del folclore mexicano: reclutado en su adolescencia por Miguel Ángel Félix Gallardo, jefe del cártel de Guadalajara, fundó en 1989 junto con tres socios el Cártel de Sinaloa, que se convirtió en la organización criminal más grande del mundo. Su leyenda se ha contado en narcocorridos y en la cultura popular, pero hoy su realidad es otra: está aislado en una celda en Manhattan, sin contacto con familiares salvo sus hijas mellizas, a quienes puede ver solo a través de un vidrio.
Este nuevo intento legal de Guzmán Loera abre un capítulo más en una saga que sigue siendo vigilada de cerca, no solo por la justicia estadounidense, sino también por quienes observan cómo la violencia y el narcotráfico siguen marcando la vida en México y, por extensión, en estados como Puebla, donde la seguridad y la calidad de vida urbana son temas urgentes.
