La verdad detrás de las camisetas bordadas por artesanas nahuas para el Mundial: ¿explotación o trabajo digno?

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The New York Times publicó un reportaje que pone en perspectiva la polémica sobre las camisetas de la selección mexicana bordadas por artesanas nahuas de Naupan, Puebla, para el Mundial de México. La historia, que comenzó como un proyecto con potencial social y cultural, se vio envuelta en acusaciones de explotación laboral que ahora parecen no reflejar la realidad de las mujeres involucradas.

Todo inició hace dos años, cuando la empresa mexicana Someone Somewhere propuso a Adidas que las camisetas oficiales fueran bordadas a mano por mujeres indígenas. En mayo de 2026, 150 artesanas nahuas de Naupan, un pueblo a más de 1500 metros sobre el nivel del mar, participaron en la elaboración de estas piezas, que se vendieron rápidamente a más de 200 dólares cada una. Adidas incluso llevó a dos artesanas a Alemania para integrar las camisetas a su archivo, mientras que otras asistieron a un partido amistoso en México.

Sin embargo, el mes pasado, activistas como Luz Valdez denunciaron en redes sociales que las mujeres eran explotadas, acusándolas de recibir apenas 36 pesos (2,06 dólares) por hora, menos del salario mínimo, y de no poder usar sus técnicas tradicionales de bordado. Estas afirmaciones generaron indignación nacional, cobertura mediática y debates políticos.

Para conocer la versión de las artesanas, periodistas visitaron Naupan el 31 de mayo de 2026 y encontraron un ambiente muy distinto al que se había difundido. Más de 25 mujeres bordaban en un taller comunitario, expresando que el trabajo era justo, flexible y mejor que otras opciones laborales en la región. Algunas compartieron que gracias a esta actividad han podido salir adelante y cuidar de sus familias.

Las artesanas rechazaron las acusaciones de explotación y pidieron respeto, pues temen que la mala publicidad afecte futuras oportunidades laborales. Confirmaron que ganan más de 36 pesos por hora, aunque prefirieron no revelar cifras exactas por seguridad. También destacaron que pueden trabajar a su propio ritmo y reciben bonos por eficiencia.

Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere, respaldó estas declaraciones y mostró nóminas que prueban salarios superiores a los señalados por los críticos.

Este caso pone sobre la mesa la complejidad de proyectos que buscan integrar tradiciones indígenas con el mercado global, y cómo la percepción pública puede distorsionar la realidad de quienes están en el centro de estas iniciativas. Para Puebla, es un recordatorio de la importancia de escuchar directamente a las comunidades antes de juzgar y de apoyar modelos de trabajo que respeten la cultura y dignidad de sus habitantes.

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